Jurij, mi amigo, siempre sabe lo que le ocurre a la gente y sólo mirando lo sabe. Según él sólo le basta hacer una especie de lectura del rostro que le permite descubrir los misterios del alma de las personas, la posición de cualquier otra parte del cuerpo le es indiferente. En una ocasión descubrió que una amiga mía engañaba su enamorado cuando se la presenté, ni yo que me ufanaba de conocerla por siete años lo hubiera descubierto.

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